Nunca está demás pensar en el laberinto infinito que es la vida.
No sé si quiero encontrar la salida, quizás haya un espejo ilusorio.
La importancia de vivir denostada por la insignificancia del ser ante el vasto universo.
Se debe, obligatoriamente, ser feliz. Siempre concordé con Nietzsche al respecto. El resto es superfluo. La felicidad de la comunidad será provista por cuánto influya la moral de cada uno a la hora de ser feliz.
J.L.Borges
El sueño
Si el sueño fuera ( como dicen ) una
tregua, un puro reposo de la mente,
¿por qué si te despiertan bruscamente,
sientes que te han robado una fortuna?
¿Por qué es tan triste madrugar? La hora
nos despoja de un don inconcebible,
tan íntimo que sólo es traducible
en un sopor que la vigilia dora
de sueños, que bien pueden ser reflejos
truncos de los tesoros de la sombra,
de un orbe intemporal que no se nombra
y que el día deforma en sus espejos.
¿Quién serás esta noche en el oscuro
sueño, del otro lado de su muro?
Es importante vivenciar por nosotros mismos cada situación de la vida. El sólo hecho de analizar algo con un preconcepto adquirido por un tercero puede deteriorar lo que en realidad significa para nosotros.
Si querés saber cómo luce realmente algo, miralo.
Si querés saber si te va a gustar una banda, escuchala.
Si querés entender un libro, leelo.
Locuaz vacío del camino.
Agujero inmenso y eterno.
Deshazte rápidamente de tu materia precisamente en tu inmensidad
Hubo gente que me preguntó si escribía. Acá un cuento que escribí para un concurso de metrovías. La temática era acerca del “primer amor”. ¡No me culpen por la cursilería que pedía el concurso!
Edit: la letra y la forma quedó rarísima, estoy viendo si puedo dejarlo mejor.
Pleonasmo del amor
La luz de la primavera hacía foco en sus ojos grises. Yo me encontraba
absorto en mis propios pensamientos, en cómo había transcurrido tanto tiempo
sin siquiera poder respirar y cómo la apabullante realidad que pretendía
atropellarnos se acercaba cada vez más velozmente.
Las cosas se dieron muy rápido de entrada. Conocerse, encontrarse,
descubrirse, quererse, reencontrarse una y otra vez. En el correr de los días
se olía esa sensación a demasiado, pero no podíamos frenar. Quizás la
acumulación de sin sentidos, relaciones sin peso, ni realidad, me generaban
inconscientemente la necesidad de lograr algo. Estaba allí, lo presentía -
y cuánta razón tenía.Aquel domingo Junio fue cuando noté que ella era todo para mí.
Fue todo muy simple e intrincado a la vez. Yo acostado sobre su regazo,
mientras ella jugaba con mi pelo. Me miró, y yo vi el cielo en sus ojos.
La soledad ya no era una palabra que tuviera lugar en mi léxico, las sombras
se habían apartado de mi camino que, diáfano, me aseguraba una estancia
placentera en ese mundo desconocido llamado felicidad. Pero qué efímero
fue todo, casi que se desvaneció delante de mis ojos.Mi reprensible pasión presente en todos los ámbitos de mi vida,
generó que la relación fluctuara como un río caudaloso y lleno de meandros.Momentos buenos los hubo en cantidad. Inesperados trenes de horas
con vagones repletos de sexo, cariño, películas y música que nos fundían en
uno y no parecían acabar jamás. Semanas de incomunicación absoluta,
desinterés y frialdad. Días de peleas generados por un boleto de colectivo
mal sacado, y besos interminables buscados luego de una fría gota de lluvia
que parecía encontrarnos siempre en la misma página.Los encontré a la salida de la facultad. Era mi día libre, pero decidí ir
para sorprenderla. Ella se excusó primero y luego me insultó a los gritos. Todo
era mi culpa, no le había dado su espacio; mis cambios de humor, mi madre,
mi estupidez, mi soberbia, todo era una excusa válida, yo era el culpable.Lo conocía hace 2 meses, una clase que no compartíamos. Le pidió los
apuntes un día, una lapicera otro, el teléfono, un beso. Me juró que había sido
la única vez, que había sido una estúpida. Frases y situaciones cliché se
encarrilaban como tránsito pesado en esa autopista que no quería recorrer.
“Uno nunca sabe lo que tiene hasta que le parece que puede perderlo” – lo
de siempre. Por supuesto la perdoné, sabiendo que nada volvería a ser igual.
Mi amor por ella surgió de la inexperiencia. Era la primera chica que
correspondía mis sentimientos. A mis 19 años todas mis experiencias habían sido
improbables. Coartados inmediatamente por mi falta de carisma se alimentaban
mis desencuentros tanto como los encuentros infructuosos.. Nada más que algunos
besos, licencia poética de noches de alcohol. Un par de noches de sexo de las
cuales ni podía recordar a mi ocasional pareja.
Con ella fue todo distinto. Habíamos terminado los primeros parciales.
28 Abril decía el calendario, y yo ya no aguantaba más. La luz anaranjada del
ocaso iluminaba su pelo de espaldas, tomé coraje y le dije que fuéramos a
terminar el día al puerto. Vi en sus ojos la respuesta antes de que sus labios
se movieran, y estuve a punto de derrumbarme de felicidad, o quizás de saltar
hasta la estratósfera.
No pasó nada, o más bien todo. Charlamos sentados mirando el río,
a los barcos pasar durante horas. Sin darnos cuenta se hicieron las dos de la
mañana y la acompañé a su casa caminando. Quise darle un beso, pero mi
pasión se chocaba con mi miedo. No quería arruinarlo. Ella dio el primer paso.
La historia no se nutre demasiado por los momentos felices, siempre
existen, ya sean reales o mera imaginación alimentada por endorfinas, o quién
sabe qué otras realidades paralelas en las que uno vive cuando está enamorado.
Aún así, me veo obligado a permitirme una simple digresión hacia mí mismo y
relatar esa tarde en el mar.
Hacía mucho frío, es cierto, pero ambos lo disfrutábamos, caminar en
la playa, el viento en la cara congelándonos los párpados. Los labios morados,
y el único abrigo que llevábamos era el uno abrazado al otro. La tranquilidad no
estaba brindada por las olas chocando unas con otras con ese sonido tan certero
cuando lo que se busca es la paz. Nos encontrábamos entrecruzados en una
metonimia que explicitaba todo lo que significaba el amor. El silencio era nuestra
mejor discusión; las miradas, la comunicación y las palabras, la conexión más
segura hacia el entendimiento. Sabíamos lo que queríamos estar así, tener eso,
para siempre.
Los momentos malos abundaron, es cierto. Negar la realidad nunca
aportó nada. Las personalidades fuertes y pasionales chocaban. Las prolíficas
e interminables discusiones nos destruían poco a poco. Ella decía que no
aguantaba más, se quería ir; yo la abrazaba, pedía perdón, todo para olvidar
ese momento. No me importaba más tener o no razón, sólo la quería a ella.
La voluptuosidad de nuestras discusiones siempre terminaban en el
cliché amoroso de la reconciliación sexual. Furioso sexo catártico alimentado
por un final de horas abrazados entendiendo finalmente qué era lo que había
pasado y por qué. Maduración de mi parte, desgaste del de ella. Se preveía
que no podía terminar bien.
Habíamos pasado dos primaveras juntos ya. El final de ésta estaba cerca,
y yo temía que lo nuestro también.
La miraba mirar, me abstraía. Y cuando volvía a ver, la encontraba igual:
distante. Ésa era la definición perfecta para su parsimoniosa actitud hacia mí los
últimos meses. Y esa tarde no parecía cambiar. La idea de ir a respirar entre
árboles le había encantado, un cambio a la rutina. No pareció servir, no al menos
hacia lo que significa cambiar de actitud.
No vale la pena ni recordar cómo terminó todo. Aquella misma noche.
Le pregunté por qué había estado tan callada, por qué nuestros silencios ya no
se vivían con amor, sino más bien con desdén. No contestó. Nunca dijo nada.
Me obligó a dejarla.
Le dije que ya no me sentía como antes, ella lloraba. Era tiempo de
que buscáramos la verdadera felicidad. Ninguno estaba contento así. Ella lloraba.
Me rogaba que reconsiderara que esto iba a pasar e íbamos a ser felices como
antes. Yo le decía que ya estábamos demasiado dañados por las discusiones.
No podríamos sobrevivir así.Ella lloraba.
Años más tarde me enteré de lo que intentaba contarme aquella tarde de
primavera y que nunca pude desentrañar. No viene al caso ahora pensar en ello.
Nunca tuve el coraje para volver a llamarla. Ya era feliz. No podía intentarlo
nuevamente.
Así lo recuerdo, quizás ahora a mis 49 años haya situaciones que se
hayan dado distintas. Soy padre, estoy casado hace quince años y nada podría
ser mejor.Sin embargo, no voy a ocultar que no existió día de mi vida en que no
haya soñado despierto con ella.
Pleonasmo de vida este domingo mío que se repite una y otra vez. Polisíndeton de sin sentidos. Metonimia de unas vacaciones rojas.
¡Cómo quisiera respirar, como aquella vez!
Dolor en el corazón. Se murió uno de mis argentinos favoritos. No puedo creer que nunca haya podido disfrutarlo en vivo. Genio indiscutido. Gracias por tanto, flaco. Descansá.
Acá un texto que escribió él. El día que lanzó Artaud. Prosa increíble. Un antes y un después.
ROCK: MÚSICA DURA. LA SUICIDADA POR LA SOCIEDAD.
Son tantos los matices que comprenden la actitud creativa de la música local – entendiendo que en esa actitud existe un compromiso con el momento cósmico humano– ,son tantos los pasos que sucesivamente deforman los proyectos, incluso los más elementales como ser mostrar una música, reunir mentes libres en un recital, producir en suma algún sonido entre la maraña complaciente y sobremuda que:
EL QUE RECIBE DEBE COMPRENDER DEFINITIVAMENTE QUE LOS PROYECTOS EN MATERIA DE ROCK ARGENTINO NACEN DE UN INSTINTO.
Por lo tanto: el Rock no le concierne a ciertas músicas que aparentemente INTUIDAS POR LAS NATURALEZAS DE QUIENES LAS EJECUTAN siguen guardando una actitud paternalista, tradicional en el sentido enfermo de la tradición, formulista, mitómana, y en la última floración de esta contaminación, sencillamente “facha”.
Sólo en la muerte muere el instinto.
Por lo tanto, si éste se mantiene invariable, adjunto a la condición humana a la que necesitamos modificar para reiluminarnos masivamente, quiere decir que tal instinto es la vida.
El Rock no es solamente una forma determinada de ritmo o melodía.
Es el impulso natural de dilucidar a través de una liberación total los conocimientos profundos a los cuales, dada la represión, el hombre cualquiera no tiene acceso.
El Rock muere sólo para aquellos que intentaron siempre reemplazar ese instinto por expresiones de lo superficial, por lo tanto lo que proviene de ellos sigue manteniendo represiones, con lo cual sólo estimulan “EL CAMBIO” exterior y contrarrevolucionario.
Y no hay cambio posible entre opciones que taponan la opción de la liberación interior.
El Rock no ha muerto.
En todo caso, cierta estereotipación en los gustos de los músicos debería liberarse y alcanzar otra luz. El instinto muere en la muerte, repito. El Rock es el instinto de vivir y en ese descaro y en ese compromiso. Si se habla de muerte se habla de muerte, si se habla de vivir, VIDA.
Más vale que los rockeros, cualesquiera sean sus tendencias (entre las cuales dentro de lo que se entiende por instinto de Rock no hay mayores contradicciones) jamás se topen con los personajes hijos de puta demonios colaterales del gran estupefaciente de la represión que pretende conducirnos por el camino de la profesionalidad.
Porque en esa profesionalidad se establece –y aquí entran a tallar todas las infinitas contusiones por las que se debe pasar hasta llegar a dar un juego que contradice a la liberación, que pudre el instinto, que modifica como un cáncer incontenible la piel original de la idea creada hasta hacerla, en algunos casos, pasar a través de un tamiz en el que la energía totalizadora de ese nuevo lenguaje abandona la sustancia integral que el músico dispuso por instinto en su momento de crear, y luego esa abortación está presente en los escenarios, en la afinación, hasta en la imagen exterior del mensaje cuando por fin se hace posible verlo.
Tengo conciencia de que el público ve esta debilidad y no se libera: sufre.
Luego esta ausencia de totalidad, esa parcialidad, es el negocio del Rock.
El negocio del cual viven muchos a costa de los músicos, poetas, autores, y hombres creativos en general.
O sea, esta difamación de proyectos sólo adquiere relieve en esa “ganancia” que representa haber ejecutado el negocio, y solamente en ese nivel hay una aparente eficacia.
Es la parcialidad de pretender que algo que es de todos termina en definidas cuentas en manos de aquellos bastardos de siempre.
Este mal, por último rebote, cae nuevamente en la nuca de los músicos, y los hace pelota.
Luego de participar del juego, son muy pocos los que aun permanecen con fuerzas para impedir la trampa al repetir una y otra vez el juego mediante el cual expresarse, o simplemente arriesgar en el precipicio de la deformación un mensaje que por instintivo es puro y debería llegar al que lo recibe tal cual nació.
Este juego pareciera ser el único posible (hay mentalidades que nos fuerzan a que sea así).Lo importante es que hay otros caminos.
Luego de haber caído tantas veces antes de ejecutar esa caída final, parábola definitiva en la que se cierran los cerebros para no amar ni dar, hay muy pocos músicos que pueden seguir conservando ese instinto.
DENUNCIO SIN EL LIMITE DE LA DENUNCIA
A LO QUE NO RECIBE DENUNCIA
A LO QUE LA DENUNCIA TRASPASA
A ALGO PEOR QUE LA DENUNCIA.
Denuncio a los representantes y productores en general, y los merodeadores de éstos sin excepción, por indefinición ideológica y especulación comercial.
Ya que estos no se diferencian de los patrones de empresa que resultan explotadores de sus obreros.
O sea, por ser los engranajes de un pensamiento de liberación a quienes no les interesa que toda la pieza se mueva, dado que al producirse el más mínimo movimiento, serían los primeros en auto reprimirse y dejarían por tanto de participar en la cosa.
Denuncio a ciertas agrupaciones musicales que se alimentan con esas mentalidades no libres, a pesar de contar con el apoyo del público de mente libre.
Denuncio a otros grupos musicales por repetitivos y parasitarios, por atentar contra la música amplia y desprejuiciada, estableciendo mitos con imágenes calcadas de otras músicas que son tan importantes como las que ellos no se atreven a crear ni sentir.
Denuncio a los tildadores de lo extranjerizante, porque reprimen la información necesaria de músicas y actitudes creativas que se dan en otras partes del planeta, y porque consideran que los músicos argentinos no pueden identificarse con sentimientos hoy día universales.
Además es de prever que si estos señores desconocen que la Argentina provee a su música nuevos contenidos nativos, ellos mismos están minimizando la riqueza de una creación local apenas florecida.
Denuncio a otras mentalidades por elitistas y pronosticadoras del suceso de la muerte de algo que por instintivo no puede morir antes de la vida misma.
Denuncio a las editoriales “fachas” por distribuir información falsa en sí misma, y por deformar la información verdadera para hacerla coincidir con las otras mentalidades a las que denuncio.
Denuncio a los participantes de toda forma de represión por represores y a la represión en sí por atañer a la destrucción de la especie.
Denuncio finalmente a mi yo enfermo por impedir que mi centro de energía esencial domine este lenguaje al punto que provoque una total transformación en mí y en quien se acerque a esto.
El rock, música dura, cambia y se modifica, en un instinto de transformación.
Rebekah Del Río - Llorando (Ray Orbison original song : crying)
Disclaimer: esta escena es parte de una película “Mulholland Dr.” Dudo que mirar la canción genere un desenfoque en la película, pero para los puristas, no la vean.
Esta es una interpretación a capella fantástica, llena de arte y magia que toma parte en este caso como una escena fundamental en la película. Les recomiendo ampliamente que vean la película, y si ya la vieron, es hora de que recuerden esta interpretación.
Lo intrépido en este caso se da al rescatar distintos momentos de la canción con cierta voluptousidad, sosiego y una sinestesia de emociones contrastantes.
Disfrútenla!
La misma se puede disfrutar también en el último capítulo de la temporada 3 de prison break.